Por: Justin De Jesús
Dos estudiantes comparten aulas, edad y aspiraciones universitarias. Pero sus realidades económicas no podrían ser más diferentes. Mientras uno logra subsistir con la Beca Pell y el apoyo de sus padres, otro termina su turno en un restaurante de comida rápida antes de sentarse en su salón. Uno estudia. El otro estudia y trabaja. Ambos representan las dos caras de una generación que lucha por obtener un título universitario en medio de la crisis económica que atraviesa Puerto Rico desde hace más de una década.
¿Cómo voy a pagar la matrícula? ¿Tengo para pagar la compra? ¿Podré salir con mis panas este finde?
Este es el tipo de preguntas que se hacen muchos estudiantes hoy día. Debido a la situación económica de Puerto Rico, numerosos jóvenes han tenido que ingeniárselas para continuar sus estudios postsecundarios y salir adelante. La mayoría ha recurrido a ayudas federales como los préstamos estudiantiles y la Beca Pell, conocida como FAFSA, para poder estudiar. Otros, debido a sus necesidades económicas, han tenido que buscar trabajos para cubrir sus gastos, lo que les obliga a balancear su vida universitaria con su vida laboral.
La universidad pública vs. la privada
Estudiantes como Manuel Vélez Enríquez han optado por solicitar la Beca Pell. Manuel expresó que su situación económica en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez se sostiene con “la ayuda de la beca y la de mis padres”. También comentó que no siente que necesita ayudas adicionales, ya que ha logrado organizar sus gastos de manera que no tiene que invertir grandes cantidades de dinero. Aunque tenga cierta comodidad económica, Manuel considera que para que los estudiantes estén más desahogados se necesita mejorar la economía del país para así poder tener un aprovechamiento académico mayor. Así, al entrar al campo laboral, los estudiantes podrían estar en una mejor posición para el éxito.


Por otro lado, está el caso de Walther Sneed Negrón, quien además de ser estudiante de la Universidad Interamericana trabaja en un establecimiento de comida rápida. A diferencia de Manuel, Walther ha tenido que emplearse para poder cubrir sus propios gastos. “La única ayuda que tengo ahora mismo es la beca para la universidad, pero mis gastos personales que son mi carro y todo eso, los cubro yo solo”, expresó. Añadió también que siente que tiene lo justo para poder manejar sus responsabilidades, pero nunca ha sentido que le sobra dinero para cosas adicionales como autorregalos o salidas a comer a restaurantes. Según él, tiene “lo justo para el carro, teléfono, gasolina, comida y se acabó”.
Las cifras detrás de la crisis
En Puerto Rico, durante los pasados años, el promedio de estudiantes que solicitaron la Beca Pell ronda las 180,000 solicitudes entre estudiantes dependientes e independientes, según datos del Departamento de Educación Federal. Esta es una cifra considerablemente alta si se toma en cuenta que, para el periodo 2022-2023, se registró una matrícula de 134,350 estudiantes puertorriqueños a nivel subgraduado, según el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico (IEPR). Cabe recalcar que estas estadísticas reflejan únicamente a estudiantes matriculados en cursos conducentes a grados o certificados en instituciones reconocidas por el Departamento de Estado.

Es a partir de estas solicitudes que se determina la elegibilidad de los estudiantes para recibir ayudas federales. La Beca Pell estuvo a punto de recibir recortes de fondos tras una medida presentada en el Congreso de Estados Unidos llamada Big Beautiful Bill. Aunque la medida fue enmendada para excluir dichos recortes, varias universidades en la isla desarrollaron estrategias para mitigar el impacto que un recorte de esa magnitud habría provocado, según reportó el periódico El Vocero.
El contexto económico
Sebastián De Jesús, estudiante graduado de Economía del Colegio de Mayagüez, donde realizó estudios demográficos para la Junta de Planificación de Puerto Rico, considera que existen múltiples causas que han llevado a la economía al punto bajo en el que se encuentra hoy día. Entre los puntos a destacar, mencionó que la economía se encuentra debilitada desde inicios de la década del 2010 y que, además, fue grandemente afectada por el huracán María en 2017. Además, añadió que el aumento en las propiedades de lujo y los alquileres a corto plazo, así como el incremento en los precios de compra y renta, dificultan el acceso a la vivienda y a una vida de calidad.
De Jesús resalta que esto tiene un impacto directo en el estudiantado, ya que se observa una falta de oportunidades laborales, lo que impulsa la emigración estudiantil. La combinación de trabajo y estudios se vuelve una necesidad, como en el caso de Walther Sneed, lo que provoca un aumento en el tiempo para graduarse y una afectación en el rendimiento académico. Mirando hacia el futuro, si no se resuelve la situación económica, los estudiantes podrían enfrentar el riesgo de obsolescencia de algunas profesiones, así como una “inversión académica que podría no traducirse en estabilidad laboral”, según mencionó.
¿Cómo voy a pagar la matrícula? ¿Tengo para pagar la compra? ¿Podré salir con mis panas este finde?
Las mismas preguntas siguen resonando en dormitorios universitarios, en turnos nocturnos de restaurantes, en conversaciones susurradas entre clases. Son preguntas que ningún estudiante debería tener que hacerse con tanta frecuencia. Y sin embargo, para miles de jóvenes puertorriqueños como Manuel y Walther, son tan cotidianas como revisar el horario de clases.
