Del vinilo al software: La evolución del audio en Puerto Rico

Por: Andrés De Camino

Las bocinas suenan y en el monitor se ven movimientos que siguen el ritmo. Dentro del programa, se abre una ventana, luego otra, y otra más. Cada ajuste en la pantalla se acompaña de un cambio en el sonido, algunos sutiles, otros drásticos, todos descartados en segundos cuando no cumplen con lo esperado.

Se trata de Víctor “Sonny” Hernández, técnico de grabación y profesor de audio en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Con más de cuatro décadas de experiencia, Hernández asiste a uno de sus estudiantes en su proyecto final. Mientras el joven observa con atención, el profesor demuestra la destreza que ha perfeccionado a lo largo de los años.

Según el libro Playback: Los Estudios de Grabación de Puerto Rico en el Siglo 20, de Adalberto Rivera, la primera grabación de sonido en Puerto Rico ocurrió en 1909, cuando empleados del sello Columbia Phonograph Company llegaron a San Juan para producir múltiples grabaciones de artistas locales. Desde entonces, comenzó a crecer el campo de producción de audio en la isla.

Rivera, también veterano técnico de grabación, recuerda: “La publicidad antes, los comerciales, se grababan en las mismas emisoras de radio. Los primeros estudios de grabación eran en las emisoras”. Con el tiempo, surgieron estudios independientes y, en las siguientes décadas, Puerto Rico se posicionó como líder en la industria dentro de Latinoamérica.

La década de los 80 fue especialmente exitosa: estudios de prestigio producían todo tipo de proyectos, algunos especializados y otros versátiles, pero todos con una alta carga de trabajo. Hacia finales de los 90, la revolución digital transformó el panorama. La tecnología simplificó procesos, redujo costos y compactó equipos, aumentando la accesibilidad y propiciando el surgimiento de estudios pequeños en la isla.

Sin embargo, la industria también enfrentó retos. El huracán Hugo en 1989 provocó que proyectos musicales se trasladaran a Miami, una tendencia que se sintió por años. A partir de los 2000, las agencias de publicidad comenzaron a crear sus propias facilidades de audio, reduciendo la cantidad de proyectos para estudios independientes. Según el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, un estudio del United States Bureau of Labor Statistics muestra que entre 2010 y 2020 la cantidad de empleados en la industria del sonido se redujo a la mitad, aunque el número de establecimientos se mantuvo estable.

La tendencia hacia estudios pequeños afectó un elemento clave en la formación profesional, la mentoría. Hernández recordó, “No existía tal cosa como educación en ese campo. Aquí en Puerto Rico no existía”. Él aprendió preguntando, “tipo mentoría”. Hoy existen programas universitarios para ingeniería de audio, pero la colaboración en persona se ha reducido. “Con la tecnología perdimos esa conexión de trabajo en equipo. Nos fuimos más individual, cada cual por su lado”, observó el profesor.

El panorama actual es distinto: la técnica es más sencilla, la educación más accesible, pero la mentoría escasea. Entre los veteranos del campo se percibe un sentimiento mixto: cautela y optimismo. “Hay que buscar la mentoría, hay que unirnos”, dice Hernández, “y apoyar al que viene subiendo también”.

Al concluir la jornada, “Sonny” toma la guitarra acústica que siempre descansa en su estudio. Con ayuda de un afinador, ajustó las cuerdas y tocó algunos acordes. El sonido de las cuerdas recuerda que, al igual que la guitarra, la profesión está en buenas manos.

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